Se disfrazaban de técnicos de telecomunicaciones para vaciar autos en San Joaquín sin romper un solo vidrio
Carabineros detuvo a tres hombres que robaban autos usando inhibidores de señal y ropa corporativa de empresas de telecomunicaciones. El detalle que hace distinto al caso es el disfraz.

El lunes 10 de agosto, Carabineros detuvo en San Joaquín a tres hombres que llevaban meses vaciando autos sin romper un solo vidrio. Vestían ropa corporativa de empresas de telecomunicaciones. Entre lo incautado había inhibidores de señal, un esmeril inalámbrico, placas patentes falsas y un vehículo con patente adulterada. Los tres suman más de 34 reiteraciones policiales por receptación, robo en lugar no habitado, robo frustrado y hurto.
El detalle que hace distinto a este caso no es el botín. Es el disfraz.
Un robo que no se ve
Desde afuera no pasa nada. No hay ruido, no hay vidrios rotos, no hay cerraduras forzadas. El conductor cree que cerró su auto y se aleja; el inhibidor impidió que el cierre funcionara y la alarma tampoco se armó. La víctima suele darse cuenta recién al volver.
No es un caso aislado, es un patrón
Este método viene documentándose en Chile hace más de un año. En marzo de 2025 se detectó operando afuera de colegios en Ñuñoa. En mayo del mismo año fue el caso de la periodista Karen Doggenweiler. En julio, un turbazo en un condominio de Chicureo usó inhibidores para dejar ciegas cámaras y alarmas. Y en junio de 2026 supimos que una banda chilena exportó la técnica a Estados Unidos, donde robó más de US$ 5,5 millones atacando cajeros automáticos.
Lo que aporta San Joaquín es otra cosa: la profesionalización. Un grupo que se uniforma como cuadrilla de telecomunicaciones ya no está improvisando. Está resolviendo el problema de cómo permanecer horas en la vía pública, junto a autos ajenos y con equipos electrónicos en la mano, sin que nadie pregunte nada.
La ley ya alcanza la sola tenencia
Desde diciembre de 2024, la Ley 21.720 prohíbe fabricar, importar, comercializar, usar, poseer y portar inhibidores de señal. Las penas llegan hasta 10 años de presidio, con multas que pueden superar los 6,5 millones de pesos y comiso del equipo.
Hay un punto que conviene subrayar: la ley sanciona la tenencia y el uso por igual. No es necesario sorprender el aparato encendido para que exista delito, basta con portarlo. Eso desplaza el problema a un lugar muy concreto: poder encontrar e identificar el equipo.
Y eso ya dejó de ser un problema abierto. Hoy existe tecnología capaz de generar evidencia identificando el equipo que está inhibiendo, y se ha usado con éxito para capturar bandas criminales. La capacidad técnica existe y está probada en terreno.
En Tank estamos poniendo la detección de inhibidores al alcance del sector privado y del sector público. Pero un caso como el de San Joaquín deja claro que esto no puede quedarse en implementaciones aisladas. Tiene que masificarse y estandarizarse como una herramienta más del combate contra bandas que ya se tecnologizaron.
Fuentes: 24horas · T13 · Cooperativa